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Un jueves más en El Jueves

Destartalado y bullicioso, caótico y tumultuoso, cada jueves la calle Feria se transforma en un mercado abierto. Desde primeras horas de la mañana, una masa humana se ufana en encontrar alguna ganga en antigüedades, muebles, libros, juguetes y cacharrerías diversas. En toda clase de rarezas. Para los amantes de los libros de segunda mano, El Jueves es todavía hoy una cita apetecible.
POR Sonia Domínguez / Sevilla, 19 de febrero de 2018

Cuentan las hemerotecas de los años setenta que antaño “los más de los mercaderes de la Feria del Jueves tenían tienda, covachuela o tenderete fijo en la misma calle”; que esta Feria tenía su tradición como mercado del libro antiguo y que era obligado recordar a libreros como José Gálvez Carruana, Mercedes Rivas y Concepción Buzón. La misma Conchita, librera mítica de la calle Feria, que recordaba en las páginas de ABC unos años más tarde que los libreros sevillanos también habían empezado a ir los domingos a la Alameda pero que aquello había degenerado, llenándose de tornillos y lámparas. Y hacía una reivindicación todavía hoy incumplida: un mercadillo fijo en Sevilla para el libro viejo, al estilo de San Antonio en Barcelona o la Cuesta de Moyano, en Madrid.

Hoy quedan pocos libreros de viejo entre los chamarileros de El Jueves, aunque hay libros en muchísimos puestos, conviviendo con todo tipo de cachivaches y provocando toda clase de fluctuaciones en los precios. Porque esta es, precisamente, una de las particularidades de este zoco: los precios fluctúan de puesto en puesto, a veces de una persona a otra, a veces de un momento del día a otro.

Dice el profesor y escritor Daniel Lebrato en su texto El Jueves, instrucciones de uso que “al Jueves conviene acudir con alguna motivación, por lo menos al principio, hasta que usted se maneje”. O que “como a los pícaros de Cervantes, no viene mal tampoco ir con un o una guía, alguien que conozca el tinglado y nos oriente”.

Nuestro particular guía es José Ángel Borja, habitual del mercadillo desde los años 80, cuando empezó a acompañar a su tío. Es un buen prototipo de ese coleccionista apasionado que ha ido educando la mirada y la tasación como se hacía antes, cuando internet no dictaba los precios de referencia y las habilidades se adquirían en contacto directo con los comerciantes.

Lo que le seduce de este lugar es el ambiente, el ajetreo de la gente y las conversaciones, sus cambios de ritmo, “el gusanillo de ver si encuentras algo”, que cada día las posibilidades sean distintas.

Aquí ha encontrado tesoros que forman parte de su colección, como puede verse en la foto de cabecera: cámaras fotográficas, plumas estilográficas, libros de los siglos XVIII y XIX, colecciones de la editorial Saturnino Calleja, además de incontables volúmenes sobre sus géneros preferidos: los clásicos de aventuras, novela histórica, naval o bélica.

Los jueves empiezan para él con un desayuno entre un grupo de amigos -marinos mercantes, profesores, arqueólogos-, todos unidos por la afición común a los libros. En esta tertulia matutina participa Luis Andújar, librero que empezó en El Jueves en los años 70 cuando heredó una biblioteca y que hasta 2001 cuidó de El Desván, librería de la calle Don Pedro Niño que todavía es recordada por sus tertulias literarias semanales y por su encantador desorden.

Luis no falta a su cita semanal con el rastro sevillano, aunque dice que cada vez quedan “menos amantes de los libros”.

Cerca de él en la plaza Montesión, Gabriel del Valle tiene otro puesto exclusivo de libros. “Dependiendo de lo que voy teniendo, voy trayendo”, cuenta, y esa mañana unos ejemplares antiguos de Zorrilla, Chateaubriand o Las mil y una noche conviven con novelas contemporáneas de Juan Eslava Galán, visitante “de honor” de este mercadillo cuando vivía en Sevilla y habitual de las tertulias de El Desván.

Otros puestos de libros de referencia son el de Rodrigo, que vende a precios muy baratos y donde la gente compra libros de diez en diez; o el de Olinto que, además de vender online, lleva en El Jueves desde 2009 y apuesta por una selección de novela, filosofía, historia, cómic o arte. Pero aquí y allá hay libros desperdigados y en insólitas compañías.

José Ángel nos va explicando que los anticuarios han elegido situarse juntos en la plaza los Maldonados, que la presencia de la Policía Local es para evitar que nadie venda sin licencia y que El Jueves tiene como tres ritmos. “Desde las seis de la mañana ya hay puestos montados y se van viendo haces de luces con linternas para iluminar el género. A veces los comerciantes se compran entre ellos o hay coleccionistas que vienen muy temprano”.

Hasta las once de la mañana, el paisaje es más local, mientras que a partir de mediodía “es la hora de los turistas”. “En Europa hay mucha tradición de mercadillo y a los ingleses y los franceses les gusta mucho venir por aquí”.

Daniel Lebrato lo confirma: “Hay un turno de primera hora, que acaba en café y admite aguardiente 0 carajillo. Y un turno pasado el mediodía, que termina en Vizcaíno, en Remesal o en Casa Pepe, entre cervezas. A primera hora hay de todo y a última, la del remate, se consiguen precios tirados. No está bien buitrear a los amigos pero a ellos también les viene bien aligerar la carga de regreso”.

Ese regateo lo recuerda bien José Manuel Quesada, librero de Alejandría y vicepresidente de la Asociación de Amigos del Libro Antiguo de Sevilla.

Sus inicios como librero fueron en El Jueves. “Empecé en el verano del 85 y entonces no estaba tan regulado como ahora. Había muchas peleas y broncas por el sitio donde te ponías. Yo tuve suerte porque me amadrinaron dos hermanas que vendían productos de droguería y electricidad, y un zapatero al que no le disgustaban los libros”.

Cuando habla de cómo ha ido cambiando este mercado, le surge una estampa del pasado, la de los cosarios. “Ésta era una zona comercial muy importante en el eje Feria-Regina-José Gestoso y estaba la figura del cosario, que hacían encargos para la gente de los pueblos, cuando lo habitual era no tener coche, y que paraban todos en la plaza de la Encarnación”.

Una de las cosas que más le han marcado como librero es el regateo. Lo llama “síndrome o complejo del mercadillo”. “No puedo evitar acordarme del regateo cada vez que ahora marco el precio de un libro. Los que venían antes son los que querían comprar más barato y luego revender en el propio mercadillo u onlineEn la Feria del Libro te regatea un 10% de la gente. En El Jueves, un 90%”.

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