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«Queremos que la Feria del Libro Antiguo sea un espacio de encuentro y disfrute»

Ella es la voz de la experiencia. Milagrosa Díaz, de Librería Sur, lleva once años como presidenta de la Asociación de Amigos del Libro Antiguo y gestionando la organización de la Feria.
Él es nuevo librero de viejo. Desde el año pasado, Daniel Cruz (Librería Boteros) forma parte del equipo directivo y representa a una línea de librerías que asumen un papel de dinamización cultural en la ciudad.
Juntos, y con José Manuel Quesada (Librería Alejandría) como tercer pilar del equipo, han dado forma a una 41ª edición de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Sevilla, que juega con la tradición y con la búsqueda de nuevos públicos como pilares principales.
En esta conversación, repasan las novedades de una edición que se inaugura el 16 de noviembre y que estará en la Plaza Nueva hasta el 9 de diciembre.
DANIEL CRUZ: Hay mucha gente que se sorprendería si supiera la cantidad de trabajo que conlleva organizar un evento de este tipo. Reuniones, trabajo administrativo, llamadas telefónicas, papeleo. Esa parte más dura de gestión la lleváis José Manuel y tú. Mi incorporación al equipo gestor ha sido cómoda porque se basa en organizar aspectos que pueden enriquecer o completar las actividades que se han estado haciendo hasta ahora. Tú llevas once años como presidenta de la Asociación. ¿Sigues ilusionada?
MILAGROSA DÍAZ: ¡Claro que sí! Sin ilusión no consigues llevarlo adelante porque es un trabajo continuo durante todo el año. Hace once años, cuando yo empecé, era más fácil organizar la Feria del Libro Antiguo porque no había tantos trámites pero, actualmente, por las subvenciones y la búsqueda de patrocinios, el ciclo de trabajo es anual. Hay una gran carga de trabajo invisible. Presentar proyectos, memorias, firmar convenios, mantener reuniones, negociar, justificar las facturas. La Feria es un evento de gran envergadura y para poder sacarla adelante es necesario mucho trabajo.  La ilusión se mantiene intacta e, incluso, se renueva cuando emprendes una serie de cambios, como los que vamos a experimentar este año.
DC: Sí, es cierto que estamos en un momento de transición. Las nuevas librerías somos espacios culturales y esa idea se traslada a la Asociación que, aunque tiene a la Feria del Libro Antiguo como principal proyecto, quiere convertirse en un gestor cultural para beneficio de la ciudad. Este será el primer año en el que desarrollemos actividades que son susceptibles de celebrarse en otros momentos del año, y en colaboración con otras asociaciones y grupos culturales. Como Asociación, somos sensibles a la aparición de nuevas librerías. Debemos acoger a aquellas que quieran compartir con nosotros ese trabajo. Eso es independiente de la participación en la Feria, que está limitada por el espacio y por una serie de requisitos estipulados en el reglamento interno.
MD: No hay que olvidar que la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Sevilla tiene una dimensión nacional. La presencia de librerías de otras ciudades es uno de nuestros puntos fuertes. Hay gente que todos los años viene a buscar a García Prieto, por ejemplo, para ver qué trae ese año. Es un aliciente claro.
DC: Por un tiempo limitado se multiplican las librerías de viejo en la ciudad y, además, concentradas en un mismo espacio. Ese es uno de los elementos tradicionales que no cambian y que nos gustan mucho.
MD: Persisten otros elementos tradicionales como el Pregón, por ejemplo. Hace muchos años se hacía de viva voz en la Plaza Nueva, cortábamos la cinta roja y así arrancaba la Feria. El Pregón es una llamada a la ciudad. Como cada otoño, es un anuncio público de que la Feria va a comenzar. Este año contamos con el escritor Fernando Iwasaki. Siempre buscamos a personas relacionadas con la literatura y con una alta sensibilidad hacia los libros porque su cometido es expresar de manera pública ese sentimiento de amor hacia los libros.
DC: Precisamente ese es el espíritu que hemos querido trasladar al ámbito infantil con lo que hemos llamado Minipregón. Los niños van a ser los protagonistas, van a expresar de manera pública su experiencia con los libros.
MD: Teníamos muchas ganas de incorporar a la comunidad educativa en la Feria porque los niños van a ser los lectores de mañana. No es lo mismo que los niños lleguen a la Feria y escuchen a sus padres decir: “yo cuando era chico leía esto”, que involucrarlos directamente. Nuestra idea es poder llegar a hacer, incluso, talleres de fabricación de papel o de encuadernación.
DC: Eso es un anhelo de la Asociación, que este tipo de proyectos se convierta en uno de los puntales de trabajo. Este año hemos elaborado un proyecto de colaboración con Pinae, Arte y Educación, para transmitir a los más jóvenes la experiencia con el libro de papel como un objeto cultural y de entretenimiento, y hacerlo, además, llevando la Feria fuera del centro de la ciudad. Hemos ofrecido la actividad #LibroViejo al centro escolar Buenavista de San Jerónimo y a la biblioteca de ese barrio. Pinae lleva desde el mes de octubre trabajando en sesiones creativas con dos clases de 5º de Primaria y el colofón final será el 30 de noviembre, en un espacio tan emblemático como el Monasterio de San Jerónimo, donde se instaló una imprenta en el siglo XVII.
MD: Otra muestra de ese respeto por los libros es la línea de publicaciones. Por un lado, también como tradición dentro de la Feria, recuperamos el patrimonio editorial, en colaboración con la Universidad de Sevilla. Publicamos ediciones facsímiles de libros que están descatalogados, y que es muy difícil encontrar, como una especie de guiño a la ciudad porque la mayoría de ellos tratan sobre temas sevillanos. La apuesta de 2018 es muy interesante.
DC: Sí lo es. Se trata de dos libros inencontrables, dos ediciones de años diferentes, 1912 y 1918, que se publican en un solo tomo y que aportan una mirada hacia la historia de la ciudad. Fruslerías históricas sevillanas del bibliógrafo Manuel Gómez Imaz. Además, contamos con el prólogo de un gran especialista en el siglo XIX, como es el Catedrático de Historia Contemporánea Manuel Moreno Alonso.

MD: Si esto es recuperar el patrimonio cultural o bibliográfico, este año queremos retomar la colección de libros sobre libros y, además de las Fruslerías, vamos a publicar un fotolibro titulado La calle de los libros, que reúne fotografías de librerías y mercadillos de todo el mundo, junto a textos y poemas, que ha coordinado Juan Bonilla. Es un preludio para reiniciar la colección sobre bibliofilia, con libros de Andrés Trapiello o Juan Manuel Bonet en el horizonte. Es una apuesta interesante de futuro.
DC: Y otra apuesta sería la dinamización del espacio de la Feria del Libro. Este año, a las sesiones habituales de Cuentacuentos que realiza Pepepérez, vamos a proponer también animaciones de calle, con personajes de época y diálogos teatralizados con el tema de los libros de fondo, y rutas culturales por la historia de la imprenta manual en Sevilla, desde el siglo XV hasta el XVIII.
MD:  Queremos que la Feria sea un espacio de encuentro y de disfrute. Yo siempre le digo a la gente que no vengan con una idea concreta o preconcebida, sino que vengan a explorar.
DC: Que disfruten del paseo, de la oportunidad de encontrar en un espacio tan concentrado diferentes propuestas. Que, como cada otoño, vean caer las hojas de los árboles sobre las hojas de los libros. Puede parecer lírico pero es una imagen real.
FOTO DE PORTADA: Preparación del Minipregón con el alumnado de 5º de Primaria del CEPR Buenavista / Pinae, Arte y Educación

 

 

 

 

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